desgracias,
imprevistos; y al final, acabamos haciendo lo que podemos y no lo que queremos.
¿Conocéis a algún bloguer@ que suba posts en tiempo? Sinceramente,
ninguno. A todos nos suena eso de “después de un tiempo sin publicar, quiero
retomar este blog…” Y Es que la inspiración viene cuando le da la gana. Lo
mismo nos tiramos una racha en modo “apalizando al personal” con nuestra
inventiva, que nos la pasamos en dique seco preguntándonos qué hemos hecho para
merecerlo. En fin, nada nuevo.
Hace poco me preguntaba un buen amigo: “¿es que has tenido
un parón poético?”
¡¿Parón poético?! No
tío, lo mío es un derrape con vuelco, la boca llena grava y mis musas vestidas
de etiqueta, enterradas en barro hasta las rodillas. Claro que sí. Como el
Coyote cuando palpaba el aire bajo sus pies sabiendo lo que le esperaba.
Como
el dandi con lamparones de Sabina. Como un imbécil vestido de Don Juan, deshojando
margaritas sobre la cofa de un barco que se hunde sin remedio. Con lo bien que
me quedarían unas buenas calzas pegaditas…
Pues sí, sequía, inopia, procrastinación.
Pero no me he
rendido, he pataleado, llorado, he preguntado a los más sabios del lugar sin encontrar
remedio a este mal. Pero cuando llevaba seis días haciendo la postura de la
grulla en un poste kilométrico de la N340 vi la luz.
Fue David Carradine, quien se me presentó frente ante mí vestido
de jedi, con unas alpargatas de esparto gastadísimas. Y me dijo: “pequeño padawan,
usa el poder de tu enemigo en tu favor.”
¿Me estás pidiendo que escupa en la cara de la mismísima
inspiración? porque es más o menos lo que ella me hace a mí.
“No criatura, escribe sobre ella.”
Ah vale…
Y aquí estoy, contando mis peripecias. Después de esto,
espero ser el Chuck Norris de la poesía ¡Qué digo Chuck! ¡El Bruce Lee de la
lírica!
Tras esta experiencia tan enriquecedora, a la altura de los
grandes iluminados, sólo espero que ésta pueda servir a los posibles lectores
del blog para salir del famoso bloqueo del escritor, por un mayor bien para la escritura.
Ayer me levanté, y cuando me levanté… la vida pasó ante mí
en cinemascope. Y me dije “ya está, a tomar por culo la bicicleta”. Vi un
resplandor al fondo e inmediatamente imaginé el túnel, los angelitos y la música
de los Simpsons. Pero no, no había llegado mi hora, era la luz del móvil, que
me avisaba de que tenía no menos de veinte notificaciones de Facebook. Cuando
las abrí, comprendí el mensaje de mi subconsciente, no lo podía creer.
¿YA? ¿OTRA VEZ? ¡NOOO! ¡41!
¡Era mi cumpleaños!
Por suerte, superé la crisis de los cuarenta el año anterior
(que sólo me duró un día) y ya no había nada que analizar ni repasar, tan sólo
digerir un año más.
Agradecido, contesté a las primeras felicitaciones. Y
después las siguientes. Y ya que contestaba a los primeros ¿por qué no a los
demás? Ya había caído en la trampa de todos los años. Con lo bien que queda un “gracias
a todos” al final del día. Pero yo no puedo evitar contestar uno a uno. Oye ¡Y
que no parezca automático!
A las diez de la noche empieza a ser preocupante, pero ¡qué
leches! en el fondo hay cierto regocijo en eso de que se acuerden de uno ¿no?
El día transcurrió muy bien; las llamadas, los mensajes,
algún regalo, y lo mejor… una cervecita con mi amor, los dos solos (ahí no
contesté a nadie). No hubo celebraciones, aunque sospecho algo para el finde,
pero no digo nada para no estropear la sorpresa (nota: ensayar mi famosa cara
de sorprendido).
En fin ¿y a qué viene todo esto? Siempre me voy por las
ramas.
¡Ah sí! Pues eso, que ayer fue mi cumpleaños, me felicitó
mogollón de gente y tenía que presumir un poquito. Y ya de paso, por si se me
olvida alguien, daros las GRACIAS A
TODOS por acordaros de este cuarentón que se complace cada año con este bañito de
cariño.
Hoy quiero hablar de esta escritora y poeta a la que no
gustaba que llamasen poetisa.
Lo mío con Gloria Fuertes es una deuda, autoimpuesta. Tiene
que ver con que yo, como muchos de los que ya andábamos por el mundo en la
época en que esta poeta salía en televisión leyendo poemas y cuentos para
niños; oía sus composiciones y la tomaba
un poco a burla por aquella inocencia simplona de sus letras, que ahora
recuerdo con tanto cariño. Y es que, hasta para entender la poesía infantil hay
que gozar de cierto grado de humildad. Ya lo advertía ella con ese buen talante
suyo y su voz cascada: “es pa los niños” pero no nos queríamos enterar. La
veíamos como una simple poeta infantil y hasta en eso era brillante pues
muchos de ellos se sintieron inspirados por ella y acabaron picados por el
gusanillo de los versos.
No voy a hacer un análisis de su obra pues no me corresponde
tal menester, eso es para especialistas. Podría decir que pertenece al
postismo, a la generación del 50, cosa que es verdad pero me parece
insuficiente y pomposo, porque lo que pretendo es acercar la visión que tengo
sobre ella.
La primera vez que leí su poesía adulta comprendí mi error de juicio,
comencé a vislumbrar el verdadero valor de su trabajo. Sentí un impacto
revelador. Comprendí lo enormemente infravalorados que habían sido, tanto ella
como su obra. Tanto es así, que cuando acabé de leer su “Obras Incompletas” no
encontré calificativo para describirla, sólo pude decir gracias.
Lo increíble es que esa poesía tan actual de metro libre,
con rima o sin ella, desenfadada y fresca, comprometida, con una estética más
allá de los convencionalismos, autodidacta, musical, ocurrente, casual. Esa
poesía tan de hoy, que arranca miles de “me gusta” a diario… ¡Ya la escribía
ella desde los años cuarenta del siglo pasado! Eso sí, con un carácter muy yoísta, muy Glorista, como ella misma decía ¿No es increíble? Y ya sé que hay
detalles, sí, diferencias que un filólogo podría matizar perfectamente. Pero la
realidad está ahí, echas un ojo a las redes,
ves lo que se cuece y luego abres cualquiera de sus libros… y ahí está,
es actual. Tanto que uno no puede preguntarse más que ¿cómo no ha tenido mayor reconocimiento, más trascendencia?
Camilo José Cela la describió así:
“Gloria Fuertes, el
ángel puteado por tirios y troyanos, la voz poética más honda y sincera, menos
artificial y acicalada de España”
Hay calles, colegios, plazas, colectivos, premios literarios
y ¡hasta un avión! con su nombre. Miles de niños conocieron el gusto por la
poesía gracias a ella. Y aun así, queda el regusto de que no se le haya dado el
reconocimiento merecido por su aporte, no sólo a las letras, sino a las vidas de
los que hemos tenido la suerte de toparnos con su obra.
Yo mismo formé parte de aquellos que ignorantemente, no
supieron valorar su genialidad, de ahí mi deuda y compromiso. Y es por ello que
trato de difundir su legado siempre que tengo oportunidad.
NO PERDAMOS EL TIEMPO
Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.
¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna…
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel,
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles sin asco.
No sé si será porque estoy a punto de alcanzar los cuarenta, porque estoy leyendo libros rollo mindfulness y superación personal, o simplemente porque me he cansado un poco de todo; el caso es que llevo tiempo haciendo un balance con el que nunca me salen las cuentas. ¿Debo o me deben? ¿doy o recibo? ¿soy víctima o asesino? Creo que se entiende el carácter figurativo. En mi vida he hecho cosas por las que he creído merecer una medalla (de hecho estuve propuesto para una y se perdió por el camino) y cosas de las que no me siento ni mínimamente orgulloso. Tengo la sensación de haber dado siempre más de lo que he recibido. He cometido equivocaciones y he sufrido en mis carnes las cagadas de otro. Incluso he vivido cosas por las que me pregunto cómo es que no llevo más de un trauma a cuestas. Supongo que si no lo hago es porque debo ser muy fuerte o muy pasota, aunque me inclino más por lo segundo. Y, dicho sea de paso, me pregunto si, por acto u omisión he podido ser causa de alguno. Pero como digo, eso ha sido hasta ahora. Alguien me preguntó hace poco si sería capaz de perdonar a todos los que me han hecho daño. Yo respondí que sí inmediatamente, de corazón. Nunca me lo había planteado, pero ahí estaba, hecho. Seguí tirando del hilo y me planteé que, ya que perdonaba a los demás ¿podría perdonarme a mí mismo. Descubrí que aquello era mucho más difícil ¿pero sabéis qué? También lo hice. Eso sí, me costó unos días. Claro que, yo no soy de los que dejan las cosas estar. En un momento dado me dije: "¿soy digno de ser perdonado?" Porque claro, llevo sin dejarme pasar una desde la más tierna infancia. Y tras muchos devaneos he llegado a la conclusión de que no puedo influir en la psique de los demás, tanto más si ya ni siquiera sabría localizar a la mayoría. No, no ha sido fácil, pero lo conseguí. El qué dirán tuvo su fecha de caducidad. La conclusión es lo que me lleva a escribir hoy aquí. ¿Por qué hoy? ¿Por qué después de años arrastrando el cajón de excrementos del karma? Pues por una razón sencilla y práctica: no soy útil a nadie, ni a mí mismo si vivo fustigándome por el pasado y proyectando esos miedos hacia el futuro. No se puede trabajar, pensar, amar, educar, sentir, servir... En definitiva, vivir, cargando con la culpa o el odio. Como dicen los gurús de la new age: hay que vivir en el presente para afrontar el futuro. Y por eso, desde aquí, digo a mis deudores: os perdono, pero no porque os lo hayáis ganado, ni siquiera por una razón religiosa o filosófica. Os perdono por flojera, porque pesa más odiaros que olvidar, porque el odio sólo daña al que odia. No os doy otra oportunidad, tan sólo paso de vosotros. Queridos enemigos, que os den, que yo me vuelvo a la vida. Ahora que alcanzo los cuarenta, me perdono y os perdono sin esperar ser perdonado. Quién sabe si estas simples letras sirven de inspiración a otros y conseguimos vivir en un mundo un poco menos agresivo. Saludos y abrazos desapasionados.
Llevo tiempo sin publicar y me hubiera gustado hacerlo con
un poema, una historieta o algo simpático o anecdótico, sin embargo, las
circunstancias me llevan a hablar de algo menos jocoso, aunque no por ello menos sustancial. Se trata
de un hecho, una instantánea de lo que acabo de ver en mi propia calle:
Vuelvo de camino a casa cuando veo una imagen que me llama
la atención. Un hombre (de más o menos mi edad) y sus dos hijos (niño y niña
rondando los diez años), se encuentran rebuscando en los contenedores de la
basura. Esto no es nada nuevo, lo veo todos los días, a veces familias enteras,
y nunca me inmunizo, no deja de hacerme mella.
Pero me llama la atención
el hecho de que no parezcan tristes, al contrario, están exultantes. Al parecer
acaban de encontrar varias bolsas de ropa que se corresponde con sus tallas
(las de los niños). La pequeña da saltos de alegría agitando un par de botas
color rosa en sus manos, como si llevara un trofeo. Yo aminoro el paso para
observar la escena con más detenimiento.
No parecen los típicos que revuelven la basura a diario, esos que siempre se
ven mustios, como con vergüenza, llevan una pátina de melancolía en los ojos. A
veces se paran y disimulan cuando detectan que alguien se acerca, como si estuvieran en otra cosa. Pero las tres
personas que tengo frente a mí se comportan como si les hubiese tocado la
lotería, se colocan las prendas sobre el cuerpo para comprobar el tamaño como
si estuviesen en las rebajas, solo que con menos luz y menos gente. Deduzco que
van haciendo una suerte de ruta porque llevan mochilas y van metiendo en ellas
lo que encuentran. El chico también parece haber encontrado algo de su gusto,
ropa deportiva según creo.
Yo sigo caminando y empiezo a alejarme, la oscuridad no me ha
permitido verlo bien y mi oído cascado tampoco ayuda, tan solo acierto a
entender “…mira papá, mira…” o algo así.
Como digo, nada nuevo. Son muchas las familias que hacen
una
vida aparentemente normal (de apariencia económica) y luego acuden al comedor
social, a Cáritas y a otros puntos de ayuda social. El riesgo de exclusión se hace cada vez más cotidiano, se acepta, con resignación, pero se
acepta. Y yo no me conformo, mi Peter
Pan, inocente e idealista me patea desde dentro, me dice que el ser humano puede hacer más, que no me acostumbre, y está claro que nunca me lo va a permitir.
Para colmo, cuando ya me voy alejando, la chica saca un
móvil y se hace selfies con su nueva adquisición, y con su hermano y
sus tesoros. Lo veo perfectamente porque usa flash.
Otra patada más desde dentro.
—Lo sé Peter, mierda de mundo este donde es más fácil tener
un móvil que vestirse o tener para comer.
Que fácil sería juzgarlos a la ligera, que fácil lo de
“menos
móviles y que lo guarden para comida”. Lo he oído muchas veces… sobre todo con
los que fuman “pues que dejen de fumar y que le compren ropa a sus hijos”. Conste que ya no fumo pero ¿cómo dejarlo
cuando todo se derrumba y tan sólo te queda un cigarro entre tus dedos? Si ya es difícil dejarlo de normal...
¿Y el móvil? acaba la permanencia y ahí está, gratis,
nuevecito, y con un descuento en la cuota. Siempre es mejor que irse ¿alguien
ha probado a darse de baja de una compañía? Y a los niños les hace tanta
ilusión… “es gratis”, nunca es gratis. Es tan fácil…
Es muy fácil prejuzgar, pero yo les veo de cerca, desde
el filo. Desde el filo del filo, y acercándome a la misma velocidad con que se
va acabando mi subsidio. Con la empatía y comprensión que eso crea... Y mientras tanto, ya se alejan con su alegría y con su padre, que hace las veces del protagonista de “La Vida es Bella”. Y yo les veo marchar, masticando la tierra de mis pensamientos.
Me pregunto si no hacen falta en este mundo más dotados de empatía en vez tanto experto en economía.
Tú que vibrabas con la música, que reíste,
lloraste y fuiste feliz abrazado a un amigo o amiga. Que hubieras dado un brazo
sin pensarlo por él, por ellos.
Tú que lo hubieras
dado todo por la libertad. Por correr, hablar,
comportarte y vestir como te diera la gana en cualquier momento y lugar. Por
cambiar el mundo. Por el derecho a hacerlo… a que otros lo hagan. El derecho a caer
y equivocarte…
¿Recuerdas cuando te reías con ganas? ¿con verdaderas ganas?
¿Cuando dos golpes en la mesa y una palmada eran un canto a
la rebeldía?
¿Cuando se te atragantaban las injusticias?
¿Cuando gritabas «lo quiero todo y lo quiero ahora»?
¿Cuando lo dabas todo y te dabas por entero?
¿Cuando aún sentías empatía y definías a las personas por su
interior y no por su ropa o adornos? Porque eras capaz de ver en su corazón.
Los sueños ¿Recuerdas tus sueños?
Y los valores. Los valores morales de la vida.
Bondad,
amistad,
lealtad,
respeto,
honestidad,
tolerancia…
¿Cuántos has traicionado desde entonces?
¿A cuántos has decepcionado?
¿Desde cuándo eres tú el que juzga?
Porque claro, es «ellos o tú», «la vida es así», es dura
¿cierto?
«O comes o te comen».
Y tú tienes tu excusa. Maravillosa, brillante e irrefutable.
¿Te has preguntado alguna vez cuándo le pusiste límite a la
amistad? ¿Acaso cuándo fijaste un precio? Es el máximo de lo que estás
dispuesto a dar o hacer por un amigo.
De pronto ves que lo hiciste.
¿Desde cuándo miras por encima del hombro al que ahora actúa
como lo hacías tú?
«Es que entonces era diferente»
¿verdad?
¿Desde cuándo no se tuerce ese brazo ante el amigo por el cual estabas dispuesto a sacrificarlo? ¿Por qué en tu mente no queda más que un color de los miles
que eras capaz de imaginar?
No me lo digas, eres fiel a un color, y sólo hay otro… el
contrario.
Has cambiado y lo sabes.
Te da igual si hay un pobre en la esquina. O mil ¿qué más
da? Tú tienes lo tuyo.
Es su problema ¿a que sí? «¡Lo que tienen que hacer es
trabajar!»
Mírate.
Tan cómodo en tu vida media, en tu mediocridad. Y dispuesto
a sacrificarlo todo por ella.
Ya no gritas «lo quiero todo». Y no hablemos de dar.
Ya no abrazas sin motivo.
Ya no te das por entero.
No gritas si no es para amenazar.
¿Dónde estás ahora?
¿Dónde está el muchacho o muchacha que fuiste?
¿Serías capaz de mirarle a la cara sin avergonzarte? ¿Qué
pensaría de ti?
Piénsalo…
Te escribo porque sé que existes, que no lanzo una piedra al
vacío. Para que seas capaz de recapacitar y volver a ser fiel a tu esencia.
Créeme, es triste. Ya hay demasiados por ahí soportando el
peso de un chico muerto a sus espaldas.
Hoy
quiero apartarme un poco de la línea habitual, para subir un tutorial sobre
cómo desactivar las mayúsculas al inicio de cada renglón, en el programa Word de Microsoft. Al venir activada esa
opción de revisión ortográfica por defecto, la primera letra de cada línea se
nos cambiará a mayúscula automáticamente, lo cual es una incomodidad. Los que
os hayáis encontrado este post en google lo sabréis bien.
Muchos
de los que nos consideramos experimentados, aterrizamos en las versiones más
recientes de Word, acordándonos de los parientes de Bill Gates al encontrarnos con
que, bien parece que alguien nos ha querido esconder el botón para
desactivar esa opción. Por lo que, es aún más comprensible la posición del que
afronta esta dificultad desde la inexperiencia.
Y es que
nadie nace con un manual de ofimática bajo el brazo, aunque en los niños de hoy
en día, su especial predisposición para todo lo tecnológico haga parecer lo
contrario. Por eso vamos a intentar darle solución con este post.
Para
empezar, vamos a diferenciar la versión 2007 de las de 2010 y 2013, ya que en
la primera es más sencillo de explicar sin imágenes. Estos son los pasos a
seguir:
Word 2007
Botón de Microsoft Office
Ejecutamos
el programa.
Primero
hacemos clic en el botón de Microsoft Office --------------------------
(Este no, el del programa) ;)
A continuación,
donde dice Opciones de Word.
Después
clicamos en Revisión.
Y en Opciones
de Autocorrección.
En el
menú de Autocorrección hay que desactivar la casilla donde pone:
Poner
en mayúscula la primera letra de una oración.
Y ya estaría hecho.
Para
las versiones 2010 y 2013
Desde cualquier documento abierto, pulsamos en la
pestaña “Archivo”.
Nos vamos a “Opciones”.
Una vez en la ventana de opciones, seleccionamos la
sección de “Revisión”, y en ella pulsamos “Opciones de Autocorreción…”
Ya en la ventana de “Autocorrección: Español (alfab.
Internacional)” y con la pestaña de autocorrección seleccionada, deseleccionamos
la casilla a la izquierda de donde dice: “Poner en mayúscula la primera letra
de una oración”. Ésta debe quedar en blanco.
Después le damos a “Aceptar”, y cuando se cierre,
volvemos a darle a “Aceptar” en la ventana de “Opciones” de Word.
Otra
forma de hacerlo
Una vez que hemos escrito el segundo renglón de
nuestro texto y nos ha cambiado la primera letra por mayúscula, pasamos el
ratón por encima de esa letra, de arriba abajo y nos saldrá un botón de opción
con el símbolo del rayo.
Pulsaremos el triángulo invertido a la derecha del
rayo, de manera que nos saldrán tres opciones:
1
Deshacer uso automático de mayúsculas. Esto lo deshará, pero sólo en esta
línea.
2 Dejar
de usar mayúsculas automáticamente en la primera letra de las frases. Esto
desactivará la opción permanentemente.
3 Controlar
opciones de autocorrección. Esto nos llevará a la ventana “Autocorrección: Español (alfab. Internacional)”
con el resto de opciones de autocorrección.
La
opción 2 es la más cómoda.
Y hasta
aquí este tutorial, espero que os haya servido. Podéis darle un me gusta en
Google+ y tal… en fin. Si tenéis alguna sugerencia, también podéis comentar.
Ayer al salir del trabajo vi a una señora mayor, de unos sesenta años, que se encontraba rebuscando en la basura. Tenía la tez morena del sol, iba despeinada, sudorosa y tenía un aspecto cansado, como de andar todo el día, en su vano afán de buscarse la vida. Yo la observaba desde mi improvisada atalaya, ajena a mi presencia, mientras un inevitable sentimiento de desazón se apoderaba de mí.
Cuando empezó a caminar en busca de otra explotación de sueños en forma de contenedor colmado de restos que otros no quieren, su aspecto era el de alguien que estaba a punto de llorar, a punto de rendirse. No necesité palabras para saber que su expresión se debía al tremendo dolor de piernas que, a juzgar por su forma de moverse, debía tener después de patear y patear todo el día.
La observé pasar con el corazón encogido, impotente ante su desgracia, sin nada que ofrecerle para aliviar su aflicción. Sin ninguna palabra para para decirle, a causa del sentimiento de culpabilidad que me invadía en ese momento.
La pobre anciana se alejó con su paso torpe, tirando de un carrito desvencijado mientras yo me preguntaba: ¿POR QUÉ? ¿HASTA CUÁNDO VA A SER ESTO ASÍ?
Cuándo se le va a dar a esta persona y a otros como ella -que lo único que merecen es una vejez digna- una respuesta que no venga expresada en términos políticos ininteligibles; más allá de la dicotomía derecha-izquierda que tanto daño hace. ¿CUÁNDO? algo que les permita comer a diario, que les de cobijo, que les de seguridad.
Algunos al leer estas líneas sentirán lo mismo que yo. Otros, los más cínicos, dirán que me deshaga yo de lo mío para dárselo a los pobres si tanto me preocupan. Y otros, simplemente dejarán de leer, porque les resultará desagradable el mensaje que les llegue del poquito de conciencia que puedan tener.
Pórtico de la Biblioteca Nacional de España.Fuente: wikipedia
Juan Luis Vives, uno de los más grandes humanistas, ya en el siglo XVI, declaraba que el pobre no es pobre porque esté de Dios que así sea. No es el menesteroso cuyo fin es hacer que el rico se salve a través de la virtud de la caridad. Aquello de "los últimos serán los primeros".
La pobreza es la resulta del estilo de vida de nuestra sociedad. De nuestra cultura. Porque nuestros actos tienen una consecuencia sobre los demás. Y nada tiene que ver la providencia, no nos engañemos. Por desgracia, la humanidad aún no ha madurado lo suficiente, pero sé que si nos lo proponemos podremos vivir todos en paz y con dignidad.
¡Si hemos llegado a la Luna! y casi a Marte. Y enviamos una sonda más allá de nuestro sistema solar. ¿Cómo no vamos a arreglar esto? Lo que hace falta es la voluntad de hacerlo.
Pero hay algo que puedo hacer por mi parte, entre otras cosas, y es contarlo desde este rincón. Ponerle voz a esos que no la tienen. Decir la verdad mientras otros nos pintan vergeles cargados de abundancia y nos balancean un reloj de bolsillo ante los ojos, mientras miles de personas como la que viera ayer, viven y mueren en la inmundicia.
Así lo vi y así lo cuento. Este es mi humilde aporte.
Hoy quiero compartir algo que he estado leyendo sobre
el trabajo del antropólogo Glynn Cochrane, relacionado con la importancia del “ajuste cultural” en los proyectos de desarrollo. Me ha llamado
mucho la atención y creo que merece la pena reflexionar sobre ello.
Pero es mejor empezar por el principio y hacer un
repaso sobre qué es cada cosa para que todos sepamos de lo que hablamos:
Un proyecto de desarrollo es el conjunto de actividades destinadas a poner en práctica una
serie de políticas orientadas a impulsar
el desarrollo en un colectivo o población. Y el ajuste cultural sería ese requisito que exigiría poner de acuerdo
las acciones previstas, con el tipo de cultura, las costumbres o las características
de la población objetivo, o al menos tenerlas en cuenta.
Llegados a este punto sería interesante enumerar
los tipos de desarrollo que se pueden implementar, pero lo dejamos para otra
ocasión ya que es algo que tiene bastante miga y puntualizamos que en la
mayoría de los casos, por desgracia, se trata de desarrollo económico, más allá
de que estas poblaciones lo hayan pedido o no. Un ejemplo serían esas tribus aisladas que, a ver para qué leches quieren el dinero si viven de lo que se
encuentra en su ecosistema ¿no es mejor dejarles vivir en paz con su cultura y
sus costumbres?
Aunque en otros casos se trata de acciones humanitarias.
“Los proyectos son diseñados por burócratas ,
generalmente economistas occidentales, que viven
en ciudades lejos de el lugar
del proyecto…
…estos expertos
aplican fórmulas universales a todas
las poblaciones…
…sirven
igual para un roto que para un descosido.”
Cochrane.
Actos como pedir una firma a gente que no sabe
escribir o una fotografía a una mujer musulmana que no puede mostrar su rostro
son muestras de lo que quiere decir este antropólogo. Y es que lumbreras hay en
todas partes.
En un proyecto que se centraba en la
mejora de la salud en algunas islas del sur del Pacífico a través del aumento
del consumo de leche, enviaron grandes cantidades de leche en polvo a una
comunidad isleña. El caso es que, todos
eran intolerantes a la lactosa, por lo que padecieron unas incómodas diarreas.
Estas pobres personas pensarían que mejor los hubieran dejado como estaban. Al
final decidieron emplear el bendito polvo lácteo para blanquear sus viviendas.
Otro caso es el de un costoso proyecto de
reforestación de la USAID en Haití. Dada la grave deforestación del país por la
construcción, el uso para carbón y la aclaración de terreno para cultivo por
parte de los pequeños agricultores, la USAID envió millones de brotes, los
cuales, el gobierno local animó a plantar. Sin embargo, los peyizan yo (pequeños agricultores) no le
vieron un uso práctico para su subsistencia y lo emplearon como alimento para
las cabras. La solución la trajo el antropólogo Gerald Murray, a quien pidieron
consejo, enviando árboles frutales, para su explotación agrícola; y eucaliptos,
cuyo crecimiento es rápido y aprovechable para madera en poco tiempo, con lo
que se le dio una solución adecuada a las circunstancias. Eso sí, las cabras
encantadas.
Finalmente, Cochrane pone de relieve la necesidad
del uso de la antropología aplicada en el campo del desarrollo. A lo que yo
añadiría algo así como “zapatero a tus zapatos”
y que, en cada sitio haya el profesional adecuado. No sé cómo funciona
en otros países y conste que no quiero ser malo, pero en el caso del nuestro no
puedo evitar pensar en el primo o cuñado afortunado, consejero de turno, al que
se le enciende la luz y decide incorporar un reluciente y sonoro proyecto de
desarrollo para una comunidad X. En fin… pobre de los pobres a los que les
toque.
Naces con ello y te acompaña en todas las etapas de tu vida.
No puedes evitar soñar, pensar y desarrollar todo aquello que te causa interés.
Vives auténticas historias en tu cabeza, con sólo proponértelo o escuchar una
canción que te motive. Estás en las nubes casi todo el tiempo.
¿Te suena? ¿Te
sientes identificado? ¿Conoces a alguien así?
El curso natural de desarrollo de una persona creativa pasa
necesariamente por una serie de fases que no son del todo agradables. La
infancia por ejemplo. Ésta puede llegar a ser realmente dura en el caso de los
que van para escritores, porque aún no lo son y puede que nunca lleguen
a serlo. Sólo son pequeños seres soñadores fácilmente moldeables, con capacidad
para creer en cualquier cosa, puesto que son capaces de imaginarla. Los niños
pueden ser muy crueles y en el mejor de los casos acaban siendo objeto de
calificativos como “tontos”, “frikis”, “fantasiosos”, etc. (véanse también en femenino).Todos hemos oído eso de “¡mira,
un burro volando!” ¿no? Y ¡ay! del pobre que se le ocurría mirar. En fin, no es
nada nuevo.
Y en la adolescencia no es mejor; esta sociedad de ratios y resultados
no da pie a la imaginación en cuanto al desarrollo de las personas, como no sea
para un beneficio monetario. Nuestros propios padres, en un intento de buscar
lo mejor para nosotros, extirpan ciertas ideas, nos llevan a lo seguro, y
nuestras aspiraciones más grandes se quedan en la categoría de afición o en la
lista de sueños pendientes, la mayoría de las veces ¿Qué duda cabe de que lo
hacen por nuestro bien? Pero lo cierto es que eso va matando la creatividad
poco a poco, y por eso nos cruzamos a diario con poetas muertos, pintores
muertos y bailarines, fotógrafos, comediantes, todos muertos. No es que no sean
felices o estén incapacitados para disfrutar de la vida, en eso sé de lo que
hablo, es sólo que no es agradable vivir acompañado de un creativo fiambre, despechado quejándose en tu interior.
Pero no quiero que nadie se desmoralice o me tache de
fatalista, aunque es verdad esto que digo. Sin embargo, no es una generalidad
absoluta. Algunos canalizan esa creatividad y son apoyados. Algunos cursan
estudios adecuados a sus cualidades, se forman para desarrollar su capacidad.
Algunos incluso tienen suerte…
Otros,
como yo, se pasan la vida buscando su sitio, negándose a sí mismos, tratando de
ser lo que no son y cuando llegan a cierta edad dicen “¿pos ya pa qué?” y se
lanzan de cabeza a desarrollar sus inquietudes sin importar los futuros
posibles. Porque, cuando se trata de “cualquier cosa mejor que nada”, el éxito
pierde sentido.
Yo digo que hay que ser creativo y no morir en el empeño,
sobre todo no dejar que te maten. Ejercitar, desarrollar y disfrutar esa
creatividad sin importar el éxito. Si tiene que venir vendrá. Y que le vayan
dando a esos que dicen que no merece la pena esforzarse porque triunfar como
pintor, actor o escritor es imposible.
No pidamos permiso ¡hagámoslo!
Cualquier sociedad que no sea capaz de aprovechar todo el
potencial humano que posee, realmente está mal organizada.